domingo, 10 de septiembre de 2017

UN DIAMANTE PARA ALICIA



  Dicen que un diamante es para siempre. O que afortunado es aquel que encuentra un diamante en bruto, pero desafortunado quien no sepa pulirlo. Amor encarnado, deseos eternos, promesas materializadas en forma de piedra preciosa... Sea como fuere, pasan los años y los amantes siguen buscando ese trozo de cielo con el que simbolizar su deseo de compartir el resto de sus días.

  Su belleza embriaga; su dureza, estremece; y su brillo, ciega.

  Pero nunca olvidemos el precio que tenemos que pagar para conseguirlo.

UN DIAMANTE PARA ALICIA


 El tintineo del móvil de viento anunció la entrada de un cliente en la joyería. Tras el mostrador, subido a un taburete, se encontraba el joyero, poniendo orden en una vitrina.

   —¡Enseguida estoy con usted!

  El cliente, un joven trajeado y apuesto, observó el recargado interior de la joyería que le había atrapado por su escaparate anacrónico, casi como un recorte victoriano entre los modernos establecimientos que la lindaban. La moqueta azul que vestía las paredes del local apenas se distinguía entre la acumulación de expositores.

  —¡Buenas tardes! Ji, ji, ji… Estaba colocando una nueva pieza. ¿En qué puedo servirle? —preguntó el joyero una vez bajó del taburete.

  Al verlo de frente, el joven apenas pudo contener la risa. Su aspecto parecía sacado de cualquier historieta cómica: una bata blanca envolvía un cuerpo pequeño y enclenque; era calvo, excepto por el cabello que se arremolinaba encima de las orejas; su nariz se apoyaba en un poblado bigote y unas enormes gafas de montura redonda enmarcaban unos ojos diminutos. En el bolsillo de la bata, se acumulaban un bolígrafo, una lente de aumento y una lima.

   —Buenas tardes, desearía una joya muy especial.

   —Ya veo, ji, ji, ji… ¿y cómo de especial?

  —¡Tanto como para conseguir que la mujer que amo acepte casarse conmigo, ¡el dinero no importa!

   —¡Oh, el amor! Ji, ji, ji. Creo que en esta humilde joyería va a encontrar lo que desea, ¿ha pensado en alguna pieza en particular?

   —La verdad es que no... ¿Un anillo de compromiso tal vez?

   —No se lo aconsejo ¡Ya tendrá el anillo de boda!, ¿qué tal unos pendientes?, ¿un broche?... Hum, —Dudó un momento y siguió—. No, un broche es de viejos e imagino que su prometida debe ser joven y muy hermosa, ¿me equivoco?

    —Es la más hermosa de la ciudad —contestó orgulloso el enamorado.

    —Por supuesto, ji, ji, ji. —El joyero empezó a abrir los cajones que tenía debajo del mostrador—. Veamos qué tenemos por aquí.

    Ante los sorprendidos ojos del joven sacó su muestrario de aretes, zarcillos, esclavas, gargantillas, pulseras y collares.

    —Todas las joyas que me muestra me parecen extraordinarias —apuntó el cliente—. Pero,… yo quiero algo único… como es ella.

    —¡Sin duda debe ser maravillosa! Ji, ji, ji —repuso el joyero mientras guardaba las piezas en paños y cajas—. Bien… deme un segundo y creo que podré satisfacerlo.

    Una vez dejó libre el mostrador, se subió a un taburete para alcanzar la vitrina que ordenaba cuando el cliente llegó.

     —¡Diamantes, caballero! —exclamó el joyero mientras descendía del taburete con una pieza en cada mano.

   Dispuso con sumo cuidado los dos diamantes sobre el mostrador. Uno era de color azul, tenía la forma romboide de una talla marquesa. Cada una de sus caras reflejaba la triste luz que iluminaba la joyería como si se tratase de un cielo de estrellas apagadas. El otro era de color rojo, se había tallado en forma de rosa. Visto desde arriba se podía distinguir perfectamente la estrella de David en su corona. Su brillo rojo hechizó al joven sumergiéndolo en las infinitas formas que la luz dibujaba en su interior.

   Sin duda uno de esos diamantes tenía que ser su regalo de compromiso para su amada.

   —Dios mío,… ¡Qué belleza! —profirió el novio ante la complacida cara del joyero—. ¡Qué brillo!¿Son auténticos?

   — ¡Por supuesto que son auténticos! —El joyero, por primera vez, dejó de sonreír. Sus ojos parecían estar mirando otro lugar, otro momento—. Si el amor tuviera cuerpo sin duda sería un bello diamante.

   — ¡Y qué tamaño! ¿Cuánto pesan?

   —Pesan entre treinta y cuarenta quilates —comentó orgulloso.

   —¡Qué barbaridad! Mi amada se merece uno de estos diamantes. ¿Cuánto quiere por este rojo?

   —Lo lamento. Son joyas únicas, no están en venta.

   —¿Cómo dice?

  —Estos diamantes, no —objetó el joyero mientras acariciaba dulcemente la lisa superficie del azul—. Estos son míos… para su amada crearé uno que sea único, solo para ella.

   —Entonces, ¿me está diciendo que hará uno exclusivo para ella?

   —Así es.

   —¡Bien!, quiero uno rojo, con forma de óvalo.

  —Lo siento, eso no lo puede decidir usted —repuso—. Mire hacia la vitrina, observará muchos diamantes, todos de distintas formas y colores, verá la talla holandesa, francesa, en forma de esmeralda —continuó—. Cada uno lo concebí y tallé inspirado en lo que cada una de las mujeres, a las que iban destinados, me transmitió.

   —¿Pues qué he de hacer?

   —Necesitaría saber su nombre, conocer cómo es. Solo así podré tallar un diamante que conserve el amor que ahora siente por ella, para toda la eternidad.

    —Claro,… Se llama Alicia y es la persona más dulce que pueda existir, es cariñosa, amable…

    —¿Me podría dejar una foto?

    —Sí, tenga—El cliente sacó una foto de carnet que llevaba en la cartera.

    —Es hermosa desde luego, ¿habría alguna forma de que pudiera verla en persona?

    —Déjeme pensar… ¡Esta noche! Cenaremos en el Restaurante italiano, usted puede sentarse en una mesa cercana.

    —¡Eso sería perfecto! Así podré observar cómo se mueve, escuchar su voz, ver cómo le besa.

    Pactado el precio y los plazos de entrega, el cliente se marchó. El joyero acarició los diamantes que le había mostrado. Besó el de color azul. Subió al taburete y los volvió a colocar con delicadeza en la vitrina, junto a los demás. Luego se dirigió a la puerta y la cerró con llave. Dio la vuelta al letrero, que colgaba del cristal, dejando visible la palabra “cerrado”.

    Tenía una semana para confeccionar el diamante y eso requería una dedicación completa.

    En la trastienda se encontraba el taller. Era mucho más grande que la zona de venta. Las paredes estaban decoradas con los dibujos de las futuras joyas; donde no los había, las estanterías ocupaban el hueco y, sobre ellas, se disponían sus herramientas y multitud de frascos con distintos elementos químicos en su interior. En el fondo, se amontonaban sacos de carbón. Cargó uno y lo vació en un horno situado en el centro de la estancia. Era de grandes dimensiones y lo coronaba una estructura de la que colgaban pesadas planchas de acero.

   Lo encendió.

   Sacó la foto de la joven de su bolsillo: rubia, de ojos verdes y sonrisa hermosa. La dejó sobre su banco de trabajo y se sentó. Dibujó un rectángulo. Pensó en tallarlo al estilo baguette y, tal vez, con tonos rosas. Tras pasar la tarde garabateando diseños se marchó a su casa para ducharse y vestirse adecuadamente para su cita en el restaurante italiano.

   A la mañana siguiente, el novio regresó a la joyería. Ansiaba conocer qué le había inspirado su amada al orfebre.

   —¡Buenos días! —le recibió el joyero—. En verdad, es usted un caballero afortunado. Es una mujer única… ¡Se merece cada uno de los quilates del diamante!

    —Le dije que Alicia es maravillosa. ¿Ya sabe cómo será su diamante?

   —A una belleza tan pura como la suya le corresponde, sin duda, una piedra sin color para que el brillo alcance todo su esplendor. —Sonrió y continuó—: ¡Vaya, me ha salido un pareado! Ji, ji, ji.

    —¿Pero dígame de qué manera lo va a tallar? —imploró el cliente un tanto decepcionado, le hubiera gustado uno de color rojo.

    —Creo que quiere saber demasiado, ji, ji, ji. Todavía no tengo la piedra. Cuando la tenga en mis manos lo decidiré.

    El cliente abandonó la tienda cariacontecido por la vaga respuesta. El joyero entró en su taller para comprobar la temperatura del horno. Marcaba quinientos grados. Añadió más carbón y grafito. En esta ocasión no utilizaría el nitrógeno o el boro para dar color al diamante. 

   Se sentó en su banco de trabajo. Había engañado al joven. En realidad sí sabía la forma. La concibió nada más ver a Alicia entrar en el restaurante. Sería una lágrima. La tallaría con no menos de cuarenta y cuatro caras.

   Al terminar el día, el horno alcanzó los ochocientos grados necesarios. El joyero se quitó la bata y sacó del armario un saco negro. Lo desplegó sobre la mesa de trabajo, cubriendo por entero su metro y medio de ancho. Todo estaba preparado para la formación del diamante. Sólo le faltaba el carbono que haría especial a su creación. Y esa noche iría a buscarlo.

  Pasados dos días el cliente se presentó en la joyería. Aunque trajeado, su aspecto no era tan cuidado. Su cabello no estaba tan perfectamente peinado como la última vez. Incluso parecía que no se había afeitado esa mañana.

   —¡Buenas tardes! —le saludó el joyero—. Sin duda  es usted uno de mis clientes más impacientes.

   —Buenos tardes, ¿ya sabe cómo será el diamante para Alicia?

   —Sí, ya lo sé. De hecho, mañana tendré la piedra y podré empezar a tallarla. —El joyero se fijó en el serio semblante del cliente—. Espero que no sea ello el motivo de la preocupación que parece embargarlo.

  —No, no es eso. Desde ayer no he podido contactar con ella —explicó inquieto el cliente—. Le he dejado varios mensajes pero no me responde.

   —Vamos, no se alarme. Seguro que pronto lo llamará. ¡Las mujeres!

  Una vez se marchó el cliente, el joyero cerró con llave y regresó al taller. El abultado saco negro se encontraba bajo su banco de trabajo. A duras penas pudo introducir su pesado contenido en el horno. Después, asió la palanca situada a su derecha y la batió, provocando que las láminas que se encontraban encima se precipitaran, aplastando el contenido en combustión. El joyero comprobó entonces que el marcador de la presión en el interior del horno alcanzara el nivel correcto. Ya sólo quedaba esperar que se formara el diamante.

  Justo a los seis días de recibir el encargo el joyero apagó el horno. Con una manguera, mojó el interior para enfriarlo. Cuando lo consiguió escrutó, ayudado de una especie de rastrillo, los restos carbonizados hasta dar con el diamante que se había formado. Resplandecía como un ave fénix. Lo agarró con unas tenazas. Siempre le maravillaba este momento. Lo observó al trasluz y, mediante una lente de aumento, comprobó que no presentaba lascas, fisuras ni otras imperfecciones, era perfecto. Como siempre. Lo pesó. Había imaginado que saldría más grande, aunque llegaba a los cincuenta quilates. Se sentó en su banco de trabajo para estudiar su forma y al cabo del rato comenzó a tallarlo.

   Al día siguiente, el joven enamorado regresó a la joyería. La rojez de sus ojos indicaba que no había dormido quizás en tres noches. Tampoco parecía que su barba hubiera sido afeitada en ese tiempo. Su pelo estaba revuelto. Vestía unos vaqueros y un jersey. Al otro lado del mostrador, el joyero lo observaba con su bata blanca, sus gafas redondas y una expresión risueña.

  —¡Buenos días, caballero!, ji, ji, ji —le recibió, señalando una caja de terciopelo que se encontraba encima del mostrador—. ¡Tengo listo su pedido!

   El cliente cogió la caja con desgana mientras observaba la amable y sonriente expresión del joyero. Suspiró antes de levantar la tapa, antes de que sus ojos se humedecieran, hipnotizados, por los centenares de destellos que iluminaron la pequeña joyería; por aquellos retazos de arcoíris que nacían del diamante para colorear cada una de las vitrinas y expositores. Por un momento, hasta le pareció ver la cara de su amada Alicia en el interior de aquella piedra preciosa con forma de lágrima. Fue un instante, un ínfimo y eterno segundo en el que le pareció ver sus ojos verdes clavados en los suyos diciéndole: “Te amaré siempre”. Era la piedra más bella que había visto jamás. Y en ese momento rompió a llorar.

  —No se preocupe —dijo el joyero alargando su brazo por encima del mostrador hasta llegar al hombro de su cliente—. Es normal que personas de gusto refinado como usted se emocionen al observar tanta belleza, ji, ji, ji.

   —Jamás he visto algo así. Pero... no es por eso. ¿Recuerda que hace dos días le dije que no podía contactar con ella? —replicó el enamorado, sin apartar la vista del diamante.

  —Lo recuerdo… ¡Oh, cielos, espero que no haya sucedido ninguna desgracia! —profirió el joyero llevándose las manos a la boca.

   —Esta mañana he recibido una mensaje en el móvil —comentó el cliente mientras guardaba el diamante en la caja de cartón y se secaba las lágrimas con la palma de la mano—. Me dice que ha abandonado la ciudad… que no la busque… que ha comprendido que me quería pero que no me amaba… que la olvide.

   —No sabe cómo lo lamento —dijo el joyero acercándole un pañuelo que el cliente rehusó—. Es una lastima. No se puede imaginar la envidia que me dio verles aquella noche en el restaurante. —Miró al techo y continuó—: Tan jóvenes, tan bellos, tan… enamorados.

    El joven rememoró aquella cena y lo hermosa que estaba Alicia con aquel vestido azul.

   —Se lo agradezco, sin embargo comprenderá que ya no puedo comprar la joya. —El novio sacó unos billetes de su cartera—. Espero que lo entienda y acepte este dinero por el trabajo realizado.

    —¡Guárdelo, por el amor de Dios! —exclamó el joyero mientras salía del mostrador—. El amor que vi en ustedes, y que inspiró este diamante, ya es suficiente pago.

   Le agradeció el gesto y se dirigió a la puerta, acompañado por el joyero. Antes de salir le preguntó:

    —¿Cómo consigue hacerlos? No lo tome como una desconsideración, pero no creo que con el precio que pactamos haya podido conseguir semejante piedra.

     —En realidad, los diamantes tienen un origen muy humilde —explicó el joyero—. Son cristales de carbono, y este se encuentra en cualquier parte. ¿Sabe que hasta los seres humanos estamos compuestos de carbono? —continuó—. Sólo hace falta calentarlo y someterlo a cierta presión para conseguir la belleza eterna.

   El cliente se abotonó su abrigo, dio media vuelta y marchó.

  Al cerrarse la puerta, el joyero regresó al mostrador y contempló, embelesado, el diamante. Dobló el pañuelo que había ofrecido al triste cliente. Plegado en él apareció un largo pelo rubio que se enrolló entre sus dedos. “¿Y qué puedo hacer contigo?”, se preguntó. Lo guardó en una pequeña caja de plástico. Después colocó el diamante sobre una peana y lo subió a la vitrina junto a los otros. Era una pieza hermosa de verdad pero, como todos los demás, el pobre enamorado no había sabido apreciar lo que le había sido ofrecido: conservar incorrupto, y para siempre, el amor de Alicia.

   En ese momento escuchó el tintineo del móvil de viento anunciando la entrada de un cliente. “¡Enseguida estoy con usted!”, exclamó el joyero. Cerró la cristalera y se bajó del taburete.

   —¡Buenas tardes!, ji, ji, ji. Disculpe, estaba colocando una nueva pieza… ¿En qué puedo servirle?

  —¡Buenas tardes! Desearía una joya muy especial para mi prometida.

   —Ya veo, ji, ji, ji, y… ¿cómo de especial?

FIN

©David Rubio Sánchez. Texto y dibujo

78 comentarios:

  1. Está claro, al joven le cegaron los destellos del diamante y fue incapaz de ver la belleza "interior" de la piedra,... jajaja. Muy bueno David!

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    1. Gracias, Norte! Como dices el pobre no supo el precio que tendría que pagar. Un abrazo!!

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  2. Bueno, bueno David, este joyero tan cabrón, si que se podría decir que desayunaba y cenaba con diamantes, ja,ja,ja. Menos mal que la dulce Audrey, ni ninguno de sus amores frecuentó este local lleno de perversión. Por cierto, la última cena habría sido un título alternativo con tintes bíblicos, pero hubiera descubierto demasiado pronto el pastel. Por otra parte, los diálogos como ya has explicado en otras ocasiones hacen muy amena la lectura. Gran relato David, felicitaciones por la creación.

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    1. Gracias, Miguel!! Bueno, ya has comprobado que doy mucha importancia a los diálogos en mis relatos. Pues si podría haber sido ese título o, parafraseando la película, Cena con diamantes, je, je, je... Sin duda, el joyero es un cabroncete pero su intención era buena: inmortalizar el amor. Con todas sus consecuencias... Un abrazo!!!

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  3. Leí con especial interés, porque no he visitado en el verano del autor este blog. Me dije: "Seguro que sorprende la historia", y vaya si sorprendió. Lo que en un principio era un relato de un muchacho que quería una joya, pero que significara mucho para la persona elegida para una pedida de mano. Algo diferente, algo bello, algo mágico, único para una destinataria acorde con su corazón enamorado. Seguí leyendo, y tiene dosis de intriga, misterio, relato negro, pero el final lo dejo en el aire... porque es de lo mejor. Mi más sincera enhorabuena David Rubio, porque tienes un talento innato para crear, imaginar y sobretodo: sorprender al lector.

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    1. Gracias, Lola. Jo, muchísimas gracias por tus palabras aunque creo que todavía ando bastante lejos de merecerlas. Entretener es la única misión que intento proponerme cuando escribo, sorprender es más complicado dado que la predisposición a ser sorprendido lleva a que durante la lectura el lector vaya elucubrando el final. En este, pienso que a mitad del relato ya puede intuirse por dónde van los tiros. Un fortísimo abrazo, Lola!!

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  4. Ay David, que esta vez me las vi venir!!!! Jejejejeje Será porque siendo mujer, y pobre, siempre me han fascinado el brillo de las joyas y, siempre que ha caído algún documento en mis manos sobre ellas, me lo he empapado a tope. Hace no mucho hubo un proyecto joyero para convertir los restos de los seres queridos en diamantes y, conociendo tus textos, me lo olí ¡Qué ilusión me ha hecho! Porque como tus textos nunca sabes por dónde saldrán... Ha sido genial. Me lo he pasado fenomenal pensando en si me estaría equivocando o no con el final.
    Un abrazo

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    1. Gracias, Macarena!!! Esperando conocer tu verano estoy!! Diste en el clavo, este relato fue de los primeros que escribí y nació precisamente de ese dato. Buscando información sobre el funcionamiento de una funeraria me encontré con ese servicio que ofrecía una, creo que de León. La idea que tenía en mente quedó aparcada ante esa información tan sabrosa. Así que no solo intuiste el final sino que has adivinado el origen. Premio doble!!! Un fortísimo abrazo!!

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  5. Aunque con todos los preparativos del joyero se intuye de dónde sacará el diamante, el relato está tan bien contado que se llega al final sosteniendo el aliento.
    Imagino que el hombrecito nunca tuvo un gran amor y lo recababa al procesar y eternizar el cuerpo de las mujeres de sus clientes en esos diamantes de muerte.
    Un gran abrazo, David.

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    1. Gracias, Mirella. Una excelente observación. Como todos los psicópatas, este joyero cuando preparaba sus diamantes no era consciente de haber asesinado a una mujer, sino de haber transformado ese amor pasional del inicio de las relaciones en una joya que lo conservaría por toda la eternidad. Un gran abrazo!!!

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  6. Buenísimo relato, con final insospechado.
    Un abrazo, David.

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    1. Gracias, Macondo. Me alegra haberte sorprendido con el final. Un abrazo!!

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  7. Tuve que re-leer dos veces el tramo final de la historia. Hay que leer entre líneas, si cabe la expresión, para dar con su sentido. Cuando el joyero dijo "¿Sabe que hasta los seres humanos estamos compuestos de carbono?". Ahí pensé ¡ooh mierda! Jaja

    Ese joyero despierta intriga y terror a partes iguales. Esa famosa risita "ji ji ji" me parece lo más retorcido de su personalidad.

    Saludos y saludes!

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    1. Gracias, Julio David. Sí, esa risita puede resultar cómica o diabólica. Como el personaje que de inicio parece una caricatura frente al apuesto joven, para luego ir deviniendo en un ser con el que mejor no cruzarse. La primera versión de este relato contenía muchas más pistas, que se comprenda el final es una de mis inseguridades, en cada revisión fui eliminando alguna hasta dejar solo ese comentario y el pelo. Un abrazo!!

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  8. David, excelente relato. Me ha dejado sin aliento. Qué cabrito el Joyero.
    Feliz inicio de sermana.
    Un beso!

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    1. Gracias, Éowyn. Bueno, tampoco seamos tan duros con el joyero. Su intención era buena. Simplemente trataba de inmortalizar ese amor pasional para toda la eternidad, sin pensar demasiado en los detalles para lograrlo, je,je,je. Un abrazo!!!

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  9. Caray con el joyero... ¡Hola de nuevo David! Me ha encantado tu relato, sobre todo en lo que se va convirtiendo, de una dulce historia de amor a una pesadilla de la que ni siquiera el protagonista se da cuenta. Me ha recordado un poco a la novela El perfume, en la que el psicópata asesino utilizaba la "esencia" de las víctimas muertas para confeccionar sus perfumes. La muerte convertida en algo bonito. Me ha gustado mucho el suspense de la historia, aunque el "jijiji" ya daba un poco de repelús desde el inicio.
    ¡Enhorabuena David por otra extraordinaria historia! Un abrazo.

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    1. Gracias, Ziortza! Tienes toda la razón con ese símil. Salvando la enorme distancia entre el clásico de Patrick Süskind y este relato la motivación de ambos personajes es la misma. Como cualquier psicópata no reparan en los medios para conseguir su objetivo que, de una manera retorcida es hermoso. Esta historia nació cuando leí en internet que una funeraria aprovechaba los restos de una incineración para convertirlos en diamante. Nada más leer el dato me puse a escribir y a buscar cómo se elaboraban. Un fuerte abrazo!!!

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  10. ¡Jolines! con el relato, es una intriga desde el principio, el final apoteósico. Me acordaba que hoy en día hacen joyas con las cenizas de un cadáver, Muy bueno eres un excelente escritor. Un abrazo

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    1. Gracias, Carmen! Te agradezco tus palabras aunque todavía ando lejos. Has clavado el origen de esta historia, buscando información para una idea me encontré este servicio en el catálogo de una funeraria. Me pareció algo irresistible como para no montar una historia alrededor de él. Un abrazo!!!

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  11. Me ha encantado el relato David! Vaya con el joyero, jiji, ya daba mal rollo por la risita. Aunque he de admitir que al mencionar la desaparición de la chica en seguida he sospechado cual podía ser, aunque el relato no deja de sorprender. Pobre enamorado y sobre todo, pobre Alicia, la víctima principal de esta historia. Y esta frase del joyero me parece genial "¿Sabe que hasta los seres humanos estamos compuestos de carbono?" Vamos, que al cliente le ha dicho en la cara que ha quemado a su novia, jajaja, como buen psiocópata cabrón. Y con tanta elegancia y finura que el chico jamás habría sospechado nada. Un fuerte abrazo y buen regreso literario! ; )

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    1. Gracias, Ramón. Pues si que es un cabroncete, je, je, je... o mejor, ji, ji, ji... Un fuerte abrazo!!!

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  12. Muy bueno, David. Realmente sorprendente la historia y el relato muy bien dosificado. Se va dejando entrever la trama tan poco a poco que resulta una construcción perfecta, si es que eso existe.
    Me ha encantado. Enhorabuena.
    Un beso.

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    1. Gracias, Rosa. La perfección no existe o, al menos, este creo que anda un poco lejos de ella. Me conformo que con que haya resultado una lectura entretenida. Un besazo!!!

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  13. Esta muy bien David, me ha gustado mucho, la verdad te mantiene en vilo desde el principio hasta el final. Y vaya con el joyero.
    A sido una gozada volver a disfrutar de tú relatos otra vez, bienvenido y seguiré visitando tú blog. TERESA.

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    1. Gracias, Teresa. Encantado de compartir este camino de las letras contigo. Un abrazo!!

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  14. Muy buen relato David. El joyero psicópata desde el principio no me gustó y no sé si fue por esa risa entre tontona, irónica o burlona o porque se adivinaba en ese interés por ver a la "prometida", pero en ningún caso ha disminuido el interés por leer la historia, aunque me ha dado pena el pobrecito enamorado, espero que vuelva a vengarse.

    No tenía ni idea de ese uso que se podía hacer de los muertos para fabricar diamantes, no había escuchado nada de nada.

    Un beso

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    1. Gracias, Conxita. Cuando vi que alguna funeraria ofrecía ese servicio me pareció algo que no podía dejar escapar. Me alegra que lo hayas disfrutado. Un abrazo!!!

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  15. Me ha gustado el relato David. Has conseguido mantener el suspense y la intriga hasta el final y eso solo lo consiguen lso grandes. Enhorabuena amigo y feliz semana

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    1. Gracias, Vicenta. Me alegra haberte atrapado hasta el final. Un abrazo!

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  16. Ya estoy acá en tu blog David, he disfrutado mucho leyendote e imaingnando las escenas, y es que casi sin pestañear me ha enganchado tu relato hasta el final.

    Un placer leer tu relatos.

    Besos enormes, amigo David.

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    1. Gracias, María. Intento, no siempre lo consigo, que el relato se vea como una película. El placer es mio por contar con tu lectura. Besos!!!

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  17. Estupendo relato, fascinante los personajes, al joyero ya le vale. Yo como siempre soy tan profunda no puedo por más que calar más en el interior de las personas. Antes muerta que superficial. Un abrazo y feliz semana.

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    1. Gracias, Rosana. Gran frase que todos nos tendríamos que aplicar. Siempre hay que intentar ver más allá y distinguir lo importante de lo accesorio. Un abrazo!!

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  18. Hace tiempo que quería leerte y la verdad es que me estaba perdiendo algo grande. ¡Qué bien escribes, David! Y qué imaginación. No podía dejar de leer fascinada por este joyero tan peculiar. Un auténtico placer.
    Un abrazo

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    1. Gracias, Ana. Bienvenida a este pequeño espacio digital. Te agradezco mucho tus amables palabras y espero que los próximos relatos te causen la misma impresión. Un abrazo!!!

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  19. Simplemente genial. Reitero y alabo tu gran imaginación y tu estilo único para crear historias y atrapar al lector desde el inicio. Esta, en especial, puede compararse a uno de los mejores cuentos de Allan Poe. Y lo digo con total convicción. Enhorabuena. Me lo he pasado en grande leyéndote.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias, Josep. ¡Caramba, me sacaste los colores! Aunque me parece que alcanzar la suela de los zapatos de Poe me llevaría tres vidas al menos. Un fuerte abrazo!!!

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  20. Muy original este relato, David.
    Se nota que el autor ha cuidado con mimo esta narración, tanto como el joyero sus propios diamantes.
    Nunca pensé que en una pieza se pudiese esconder tanta belleza... y tanto horror.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Sofía. La verdad es que intento revisar cada cierto tiempo todos mis relatos, siempre encuentro errores a cada revisión pero también me sirve de termómetro para valorar en qué punto estoy. Como he comentado el dato de que con los restos de una incineración se consiguen diamantes es real y es un servicio que ofrecen varias funerarias. Un abrazo!!

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  21. Hola David, qué bueno que es. Con esa simplicidad de palabras como logras enganchar con la historia. Por un lado ese joyero, como un brujo con su horno, casi invocando las fuerzas telúricas para que los átomos de Carbono se dispongan en su estructura cristalina bajo la fuerza de la presión y la temperatura más extrema. Un horno convertido en el núcleo de la tierra, el diamante formándose a unas profundidades de más de cien kms y más mil millones de años, y esos preciosos destellos arco iris, que hechizan. Me encanta el cristal capaz de sacar su brillo. Toda esa complejidad en el horno (tú ya sabes que mi imaginación vuela) y ese pelo rubio... ahí ya me quedé pillada. Por un lado ¿se fue la amada? o ¿la metió el joyero en el horno? cuantas personas han decidido que sea el final del ser amado y permanezca así acompañando su vida. No has sacado la parte trágica, como debe ser, conserva la sencillez de un relato ameno, fácil de lectura y el final que sorprende. Felicidades. (una pequeña errata, por si lo mandas a concurso "...le he dejado varios mensajes..." te falta "he", un mínimo detalle, pero las cosas deben ser perfectas jeje como el diamante) Un abrazo

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    1. Gracias, Eme. Te agradezco muchísimo semejante comentario y aún más si cabe que me hayas avisado de esa errata. Ya está solucionado. A veces sucede que con las revisiones solucionas unas cosas y estropeas otras. En cuanto a las preguntas sobre el destino de la amada me temo que siempre hemos de quedarnos con lo peor. Un fortísimo abrazo!!!

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  22. Muy bueno David, de lo más tenebroso... Me encanta

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    1. Gracias, Esperanza. ¿A quién no le gusta lo tenebroso? Al menos en la ficción... Un abrazo!!

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  23. ¿Quién dice que no se puede estar con alguien para siempre?
    Muy original!!

    Un abrazo

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    1. Gracias, David. Como no se puede tener todo en la vida, casi mejor disfrutar en plenitud algo mortal que conservar una piedra, aunque sea un diamante, para la eternidad. Un abrazo!!!

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  24. Bueníiiiiiiiiiiiiiiiiiiisimo relato David, la intriga se mantiene hasta el final, ese joyero era un joya jejeje, haciendo joyas macabras. Veo que te informaste sobre este mundo de los diamantes,y por lo que leí es muy interesante.
    Cuanta imaginación que bárbaro !!!! Te felicito .
    Un abrazo David.
    Puri

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    1. Gracias, Puri. La idea nació de ese servicio funerario. Pero es verdad que no tengo ni idea de joyería así que tuve que documentarme, al menos un poquito sobre el oficio y los distintos tipos de tallado. Utilicé de entrada un recurso que recomiendo siempre como es la página de IDEAS AFINES. Basta con poner joyero para tener un punto de partida sobre el oficio. Un fortísimo abrazo, querida amiga!!

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  25. Me ha encantado tu relato, y ese final, digno de tu forma de escribir.
    Gracias por habernos sorprendido tan gratamente David... Un saludo...

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    1. Gracias, Humoreo. Me alegra haberte sorprendido con el final aunque creo que ya se veía venir que nada bueno podía esperarse del joyero. Un abrazo!!

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  26. ¿Ves? Por este tipo de cosas prefiero los complementos eróticos al "joyerío", jajaja.
    Fantástico relato. Me has tenido entregá hasta el final, aunque esa risita auguraba algo oscuro...
    Un besico.

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    1. Gracias, Mary. Je, je, je sin duda esos juguetes son mucho más edificantes y placenteros... aunque ahora que lo pienso depende de las manos en las que caigan. A ver si algún día se me ocurre alguna historia basada en esas entradas tuyas que me tienen "obnubilao". Un abrazo!!!

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  27. Hola, David.
    Mientras lo leía me dí una idea, pero no quise hacerle caso a mi cabeza.
    Pero BOM!
    OMG! Está genial tu escrito.
    Muchas felicidades!
    Me gusta leerte, así que me tendrás entre tus comentarios pronto.
    Nos leyendo ♥

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    1. Gracias, Book Freak. Te agradezco tus palabras y futuras lecturas. Un abrazo!!

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  28. ¡Hola, David! Me ha encantado el relato. La risilla del joyero ya me daba una pista y, como tengo una mente tan maquiavélica como la tuya, sospeché de inmediato, ji, ji,ji.
    He disfrutado al ver como el pobre enamorado no veía venir la que se le veía encima. Esa tensión por saber y por conseguir el diamante ha sido estupenda.
    ¡Un abrazote!

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    1. Gracias, Noemí. Desde luego hay que desconfiar de una risa así. He intentado que la misma fuera evolucionando su percepción, desde la caricatura inicial del joyero hasta ese algo diabólico final. Un abrazo, querida amiga!!

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  29. Hola David,
    Qué tenebroso, eso sí, excelente relato.
    Las risitas (jijiji) ya eran sospechosas y dejaban entrever que el joyero muy normalito, no era. Pero mira que bien, otra pieza a sumar a su colección.
    Muy bueno.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Irene. Esas risitas... En una entrada próxima publicaré un micro basado en las distintas percepciones de una risa en función de la vocal utilizada. Un abrazo!!!

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  30. hola! felices de leerte y compartir este maravilloso relatome hizo recordar a la tienda de los deseos malignos de king, por la tienda digo, esas cosas que suceden con la lectura, gracias y saludosbuhos.

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    1. Gracias, Búho. Pues esa historia de King no la había leído así que otro libro más a la inmensa lista de lecturas. Te agradezco muchísimo tu comentario y que lo hayas compartido. Un abrazo de búho!!

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  31. Hola David, enseguida me atrapaste y no pude dejar de leer hasta el final. ¡Qué puñetero el joyero! Daban ganas de darle un puñetazo en su boca de jijis...
    La historia me recuerda un poco al perfume de Suskind, en ambas se intenta atrapar la esencia de la dueña.
    Ritmo, ligereza en los diálogos, se hace muy ameno de leer.
    ¡La imaginación al poder compañero!
    Y encima, como siempre, te has documentado algo sobre joyería, lo que da consistencia al relato.

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    1. Gracias, Isabel. Ese referencia es muy oportuna y de hecho cuando lo escribí me vino de inmediato, nunca hay nada nuevo bajo el sol! Para ello utilicé una página que he recomendado más de una vez: IDEAS AFINES. Pones la palabra "joyero" y te sale un extensa lista de términos relacionados con esa profesión. Es un punto de partida para luego ajustar las búsquedas en Google. Precisamente haciendo eso di con la idea primera del relato, el servicio que ofrecen determinadas funerarias con los restos de la incineración. Un fuerte, abrazo!!!

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  32. Una curiosidad curiosa David ¿los dibujos los haces tú?

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    1. Sí, para bien o para mal. Cuando inicié el blog el agosto pasado me propuse acompañar mis relatos con dibujos propios, para recuperar esa afición de juventud. De hecho, salvo las portadas de libros reseñados y algún logo de alguna página, todo está dibujado por mí, es más trabajo pero creo que también es más mío. Un abrazo!!

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    2. Pues yo creo que es un plus que personaliza tus relatos, así que te felicito por eso David. Otro compañero que creo que lees, Isidoro Arias Valcárcel, tiene también dibujos propios en creo todos sus relatos.
      Un fuerte abrazo señor escritor dibujante.

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    3. Gracias, Tara. Nos es que lo lea, ¡a Isidoro lo devoro! Y es verdad que utiliza dibujos y composiciones propias. A ver si publica pronto y le pregunto cómo las hace. Un abrazo!!!

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  33. Escalofriante relato, David. Ese joyero ya me cayó mal desde el principio por esa risita con la "i".
    Además la documentación sobre el tema me ha parecido genial, sin entrar en demasiados detalles técnicos has sustentado la historia muy bien con eso horno y la temperatura adecuada.
    Y el dibujo inicial de la portada también me ha gustado mucho. Eres un hombre del Renacimiento, tienes muchos registros.
    Estupendo relato aunque en él me hayas llamado vieja... (me encantan los broches, jajaja)
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Paloma. Bueno, como lo dice ese joyero tan poco edificante tampoco vamos a hacerle demasiado caso, a lo del broche, digo. Para este relato en concreto, en el que se muestra el peculiar trabajo del joyero creo que era adecuado documentarse para intentar un poco de verosimilitud. Lo más fantástico de todo ello son los quilates de los diamantes, los que aparecen en el texto son un barbaridad pero esa es la única licencia. El resto, al menos el proceso de creación de los diamantes no extraídos de la naturaleza es así, incluso la temperatura y presión es esa. Un fuerte abrazo!!!

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  34. Un texto excelente, muy bien documentado y que me recuerda un vídeo de animación española de hace unos años multipremiado.Tu cuento abreva en la tradición oral de historias fantásticas que se contaban en los hogares de las viejas posadas y moradas de antaño. Me has hech pensar en Joseph Roth y en otras fábulas de tradición judía.
    Felicidades.
    Un abrazo

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    1. Gracias, doctor. Te agradezco mucho esas referencias porque siempre intento que mis historias, una vez leídas, puedan ser contadas de viva voz. No suelo ser demasiado profundo, al menos de manera consciente, pero sí intento contar historias que empiecen, se desarrollen y concluyan. Y lo que me comentas es precisamente lo que busco. Un fuerte abrazo!!!

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  35. Gran relato, David. Terror al estilo clásico. Me imagino a Bela Lugosi haciendo de joyero, protagonista de una película en blanco y negro de la Universal. Los clientes de nuestro joyero deberían haber leído la letra pequeña del contrato, je, je, je. O como dice nuestro siniestro protagonista, ji, ji, ji.
    Un saludo, amigo.

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    1. Gracias, Bruno!!! ¿Qué tal el verano? Pues Bela Lugosi no estaría mal, y ahora que lo pienso también podría resultar Edward G. Robinson. Un fuerte abrazo querido amigo

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  36. Hola David,
    Qué bonito relato, me ha gustado mucho el estilo clásico que le has dado. Un final precioso sin duda. Este me lo llevo a mis favoritos :)

    Un beso!

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    1. Gracias, Anaramitra! Me alegro que te hayas quedado con ese detalle porque la época de la historia fue algo que me dio algún quebradero de cabeza. ¿Dónde situarla? Época actual, pasada... Al final opté porque la joyería fuera un lugar anacrónico en el tiempo actual. Un abrazo y gracias por guardarlo a buen recaudo!

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  37. ¡Hola David! Es una delicia ver como modelas la historia y los personajes con los diálogos. Casi, diría, que lo haces, al menos en este relato, en mayor medida que con las descripciones. Un arte que de veras te envidio. El argumento, la trama, otra delicia, al menos para mí, porque cuenta con la particular psicología del joyero, un embaucador de enamorados que, pareciera ascender a la categoría de Dios con su horno, en donde transmuta la sustancia de sus víctimas en la belleza de los diamantes, para su propia posesión, tal vez buscando en esas joyas su trascendencia hacia la eternidad.
    Un relato estupendo. Un abrazo y mis felicitaciones.
    Ariel

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    1. Gracias, Raúl. Diste en el clavo totalmente. Se suele decir que la cabra tira al monte, en mi caso al diálogo. Soy un descriptor justito, de hecho fíjate que me parece que en este relato es de los que más me he explayado en ese sentido. A ver si logro mejorar ese aspecto. Un fuerte abrazo!

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  38. Se adivinan las intenciones del joyero... es una lástima que el joven enamorado esté tan ofuscado por su decepción amorosa, de lo contrario hubiera adivinado el paradero de su amada Alicia... Interesante relato, David, diálogos clásicos y descripciones someras. Enhorabuena y feliz fin de semana ;)

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    1. Gracias, Eva. A veces los sentimientos nublan nuestra mente, aunque quién sabe si mejor que piense que lo abandonaron a que su amor se convirtió en diamante. Un abrazo!

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