jueves, 5 de enero de 2017

EN LA NOCHE DE REYES

"BLOG DE RELATOS", "RELATO SOBRE VIOLENCIA DE GENERO", "FANTASIA", "CIENCIA FICCION", "TERROR", "DAVID RUBIO SANCHEZ", "REYES MAGOS", "NAVIDAD"



   Hace ya un rato que solo escucho la respiración de Peque. Me levanto, busco mis zapatillas y la bata de La Sirenita. Trato de no hacer ruido. Camino de puntillas por el pasillo hasta llegar al dormitorio de mamá. Duerme.

   Vuelvo sobre mis pasos para buscar a Peque. Abro despacio la puerta de su habitación. Tropiezo con un camión de juguete. Hace un ruido terrible. Me quedo quieta. Parece que mamá no se ha despertado, menos mal. Me acerco a Peque y le toco el brazo. Le susurro «despierta», al oído.

    Se hace el remolón.

   —Venga, mamá ya duerme y todavía no han llegado —insisto.

   Abre los ojos pero se da la vuelta. Le vuelvo a zarandear con más fuerza y por fin consigo que se incorpore.

   —Jo, María, tengo sueño. 

 —Vamos, dormilón. —Le destapo—. Dijimos que los esperaríamos despiertos, ya es de noche y estarán a punto de llegar. 

  —¿Ya vienen los Reyes? —Peque se levanta entusiasmado—. ¿Han dejado ya los regalos? 

 —No, te he dicho que debe faltar poco. —Busco su mono de peluche—. Anda coge a Monín, ¿dónde has puesto tus zapatillas?

  Recorremos el pasillo y llegamos al comedor. Peque se recuesta en el sofá. Hace frío. Busco la mantita de lana con la que nos tapamos. La encuentro sobre la silla, al lado del árbol de Navidad. Compruebo que en la mesa todavía están llenos los tres vasos de leche y las galletas que hemos dejado para los Reyes Magos. En el suelo se encuentran nuestros zapatos, todavía vacíos. Me siento junto a Peque y nos cubrimos con la manta. Él apoya la cabeza sobre mi hombro. 

  —María, mamá dice que los Reyes no vienen si los niños están despiertos. 

  —Ya te he dicho que si nos estamos quietos no pueden saber si dormimos o no. —Miro la puerta de la entrada—. Cuando ya estén aquí nos levantamos y nos presentamos como te he explicado. Venga, vamos a repasar lo que les vamos a pedir. Repite conmigo: «Queridos Reyes Magos…» 

  —María, tengo miedo. 

 —Peque, son los Reyes, ¿de qué vas a tener miedo? Es la única forma de que vuelva papá —Le acaricio el pelo. 

  —Sí, pero ¿por qué no se lo hemos pedido por carta? En la cabalgata todos los niños se las daban en sus carrozas. 

  —¿Es que no te acuerdas de aquellas cartas que vimos tiradas en la carretera el año pasado? —Le cojo la mano—. Cuando los Reyes se fueron no vimos que nadie las recogiera. ¿Cómo sabrían luego qué regalar a esos niños? No podemos arriesgarnos. 

  —He pedido el Supermegarrobot 4000. 

  —Yo también quiero un juguete, pero lo importante es que vuelva papá, ¿o es que no quieres tener un papá como los demás niños? —Le doy un beso. 

  Peque juguetea con la oreja de Monín. 

  —Quiero que vuelva, pero no quiero que huela raro. Ni que vuelva a gritar. 

  —Yo tampoco, por eso los esperamos. —Le beso en la mejilla—. ¡Se lo vamos a pedir todo a los Reyes! Papá volverá, pero sin gritar y sin oler raro. Repite conmigo: «Queridos Reyes Magos. Este año nos hemos portado muy bien. Hemos obedecido en todo a mamá. En el cole, los profes no están muy contentos pero el año que viene nos esforzaremos más. Perdonad si os hemos esperado despiertos pero temíamos que nuestra carta se perdiera. Queremos pediros que papá vuelva. Nos quería y nos ayudaba con los deberes y nos compraba juguetes. También queremos que mamá le haga caso en todo. Ella es muy buena pero a veces hace cosas que no le gustan a papá y entonces se enfada mucho y tampoco queremos que le grite ni le pegue. Cuando estaba papá, mamá siempre tenía arañazos y morados. Ella decía que los tenía porque era muy torpe y siempre andaba golpeándose con las puertas, pero sabemos que no es verdad. Haced que cuando vuelva tenga más paciencia y ya no huela raro nunca más. Todo eso nos haría muy felices. Gracias. Os hemos dejado tres vasos de leche y galletas para que tengáis fuerzas toda la noche y podáis llevar regalos a todos los niños». 

 —¡Y también el Supermegarrobot 4.000! 

 —Sí, también. Quédate acostado en el sofá. 

  Peque se acurruca con Monín y lo tapo. Voy a la cocina a buscar un cubo de agua y meto dentro unas piezas de construcción que cojo en la habitación de Peque. Vuelvo al comedor y dejo el cubo tras la puerta de la entrada. 

  —¿Qué haces María? —dice Peque. 

  —Calla. Es por si nos dormimos. 

  —¿Y si vienen por la terraza? 

  —¿Cómo van a venir por ahí? ¿No los has visto esta tarde en la cabalgata? Nos han enseñado un manojo con todas las llaves de las casas donde hay niños. Si tienen la llave será para entrar por la puerta. 

  Me recuesto junto a Peque. Se apoya en mi hombro y nos tapamos. 

 ¿Cuánto dura la noche? ¿Igual que el día? Nunca he estado despierta tan tarde. Pero es necesario. Peque se ha dormido ya. Espero que no se le escape el pipí como cuando está en su cama. Por lo menos ya no tiene pesadillas. Yo tampoco. 

  Miro el recibidor. Allí fue la última vez que vi a papá. Mamá nos contaba un cuento en este mismo sofá cuando él llegó. Entró tambaleándose y se fue directamente a la cocina, sin darnos ningún beso. Había tortillas para cenar. El niño del cuento estaba a punto de salvar, de las garras de un dragón, a la princesa cuando papá exclamó: «¡Está fría!». Mamá suspiró. Cerró el libro y nos dijo que seguiríamos el día siguiente. Peque se enojó y dijo que no, quería que lo terminara. Papá volvió a gritar desde la cocina: «¡Sabe horrible, ni una maldita tortilla eres capaz de hacer!». Mamá me dijo que fuera a acostarme porque tenía que calentar la cena de papá. Peque pataleó, se enrabietó. «¡Que vengas a prepararme un bocadillo!», volvió a chillar papá. Antes de acostarme quise ir a la cocina a darle un beso, pero mamá me dijo que no, que ya se lo daría mañana. Peque lloraba y gritaba. Mamá le pidió que se callara. Papá volvió a gritar: «¡Calla de una vez a ese crio y acuéstalos no sabes ni cuidar de tus hijos!». Mamá llevó a rastras a Peque hasta su cama. Yo fui a mi habitación y me acosté. Continué escuchando las voces de papá. Mamá le hablaba en susurros. Me sobresaltó el ruido de un plato al romperse y un movimiento de muebles. Escuché decir a mamá que se tranquilizara, que estaban los niños. «¡Si quieres que me calme haz lo que tienes que hacer de una puñetera vez!». Sentí a mamá chillar y muchos golpes contra la pared. Me tapé la cabeza con la almohada. Entonces sonó el timbre. Se sentían muchas voces. La puerta de la calle se abrió. Ahora era mi papá quien gritaba: «¡Dejadme!, ¡aquí no pasa nada!». Todo se llenó de porrazos, de muebles arrastrados y sonidos de cristales rotos. El griterío despertó a Peque que empezó a llorar. Mamá exclamó: «¡Mi niño!». Otra voz le decía: «¡Tranquila señora!». Me cubrí toda entera con la sábana. Poco a poco los gritos de papá y el ruido se fueron alejando y la casa quedó casi en silencio. Peque se calló. Al rato se abrió la puerta de mi habitación. Era mamá. Sin encender la luz se acercó a mi cama. Me destapé solo media cabeza. Ella me dio un beso. Le pregunté por papá y me dijo que estaba bien, que había resbalado con una silla y se iba al médico pero que no pasaba nada malo. Desde entonces, papá no ha vuelto. 

  En el colegio, hay niños que dicen que los Reyes son nuestros padres. No me lo creo. ¡Tienen que existir! ¿Es que no ven las carrozas o los regalos? Se lo pediré a Baltasar. Seguro que él comprenderá por qué estamos despiertos. Melchor y Gaspar, con esa barba, me da que son más serios. 

  
  ¡Me he quedado dormida!, No, no, no. Me incorporo. La cabeza de Peque se cae sobre el respaldo. Miro los zapatos y los vasos. Menos mal. No hay regalos todavía y los vasos siguen llenos de leche. Pero ya no está tan oscuro. ¿Cuándo vendrán? A lo mejor visitan las casas por orden alfabético. Mi apellido empieza por “V”. Me recuesto otra vez junto a Peque. Lo tapo y coloco su cabeza sobre el cojín. Oigo un ruido al otro lado del pasillo, en la habitación de mamá. ¡Por fin! Pero, ¿cómo han llegado hasta allí? Distingo el cubo tras la puerta de la entrada. ¿De verdad entran por las ventanas? Escucho pasos. Noto el corazón golpeándome el pecho. ¿Cómo será verlos en persona?, ¿vendrán con sacos?, ¿se enfadarán cuando nos vean? La puerta se abre. ¡Ya llegan! 

   Veo asomar dos paquetes. Los lleva ¿mamá? Me quedo quieta, acurrucada en el sofá, esperando que no pueda vernos con tan poca luz. Deja un regalo sobre los zapatos de Peque y el otro al lado de los míos. Se detiene frente a la mesa. Coge un vaso de leche y se lo bebe. Hace lo mismo con los otros dos. La veo comerse las galletas. Está de pie, de espaldas a nosotros, mirando el Belén. Cuando termina, vuelve al pasillo. Pero, ¿dónde están los Reyes? 

  Poco a poco el comedor tiene más claridad. Peque sigue dormido. ¿Es que no van a venir? Me pongo en pie. Mis pasos me dirigen a la habitación de mamá. Cuando llego la veo tumbada. Me siento sobre la cama. Mamá abre los ojos y se incorpora. 

  —¡Hola, tesoro!, ¿ya han llegado los Reyes? —me dice acariciándome el brazo. 

 Mis ojos se humedecen. Y no quiero que lo hagan. No puedo moverme. A lo lejos, oigo a mi hermano gritando: «¡Ya han venido! ¡Hala! ¡El megasuperrobot 4000!». 

  —Cariño, ¿qué te han traído? ¡Ve a mirarlo! ¿Qué te ocurre? 

  Noto que se me escapa una lágrima. Y no quiero, porque entonces le tendré que decir que la he visto dejar los regalos. Y ella me preguntará que por qué estaba despierta. Y no sabré qué decirle porque a lo mejor se enfada por querer que vuelva papá. Y tampoco sé si eso está bien, y no sé qué más podría hacer si es verdad que no existen los Reyes... 

  —¡María, ven de una vez! ¡Te han traído la casa de Peppa Pig!,… ¡Y viene con Peppa, George, Mamá Pig y Papá Pig!


©David Rubio Sánchez. Texto y dibujo.




¿Estás dispuesto a pagar el precio por la libertad? Descúbrelo leyendo este relato de suspense:





44 comentarios:

  1. Un triste y realista cuento de Reyes, porque la existencia de esos Magos que todo lo pueden es un cuento. Un cuento maravilloso para algunos niños pero muy triste para otros, esos que no reciben sus regalos, no porque no se lo merezcan sino porque la magia no existe para ellos. La niña de tu cuento pide lo que no está al alcance de los mortales ni de la madre más amorosa y complaciente.
    Lo has narrado con una enorme dosis de ternura, lo que hace que la historia sea más bella pero más triste.
    Un abrazo y ya sabes: hay que pedir siempre deseos alcanzables. Feliz año!

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    1. Gracias, Josep. Solo buscando lo imposible puedes encontrar lo impensable. Aunque también es verdad que de vez en cuando es bueno detenerse para valorar las pequeñas metas superadas. Un fuerte abrazo!

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    2. Me has llevado de tu mano por mis días de Reyes...quien nos quita lo Bailado querido?????
      Adoro mis recuerdos de regalos
      Una muñeca quizás un oso
      .No importaba la cantidad pero si la magia del regalo

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    3. Gracias, Recomenzar. Bueno, la verdad es que en este relato existe muy poca magia. Desgraciadamente...

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    4. cada vez que vengo a visitarte me meto en 4 o 5 blogs antes de alcanzarte.
      No me gusta Google
      ¿porque no tenes blogger?
      mil besos

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  2. Se te encoje el corazón poco a poco a medida que vas avanzando la lectura y te das cuenta que o no es un cuento de Navidad para niños, sino el relato de una amarga realidad de la que la pequeña protagonista se está empezando a dar cuenta. Quizá, el percatarse de que los reyes no van a venir es la gota que desborda el vaso. Lo más estremecedor es la causa del dolor de esa familia.

    Excelente David. ¡Un abrazo!

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    1. Gracias, Ziortza. Este relato es un poco especial para mí. Comencé a escribir hace poquito más de cinco años. Me apunté a un par de talleres de Aula de Escritores y escribí doce relatos. Después, por avatares de la vida, lo dejé. Esta historia fue la primera tras casi un año sin escribir. Un fuerte abrazo!

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  3. Un relato sobrecogedor, David. bien escrito y estructurado. Nos llevas de la mano de María por la terrible vivencia de una familia cualquiera, haciéndonos partícipes de sus esperanzas para después acompañarla en el fin de su infancia.
    Un abrazo, amigo.

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    1. Gracias, Bruno. En esta historia quise ponerme en el punto de vista de una niña en ese momento de la vida en el que se niega a dejar de creer en los Reyes, en la magia, aunque en el fondo ya lo sabe. Pero ella necesita creer y, sobre todo, quiere tener a una familia. Sobre todo, quiere tener a su familia completa. Por supuesto que sabe el mal que hace su padre, pero eso no le impide desearlo. Que vuelva, eso sí, sin oler raro, sin ser un monstruo para su madre. Deseos imposibles, pero deseos a fin de cuentas. Un fuerte abrazo!

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  4. Un relato muy bien escrito, y una triste realidad que existe hoy por hoy en algunas casas. Un abrazo

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    1. Gracias, Carmen. Ojalá llegue el día en el que esta lacra social termine. Este relato pretende ser un pequeño grano de arena para ello. Un fuerte abrazo!

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  5. Hola David.

    Mis más sinceras felicitaciones por tu excelencia narrativa, es un placer leer y aprender leyendo un texto con tanto esmero en tu mirada.

    De creencias, de deseos y de tristes realidades nos hablas, desde luego es sobrecogedor lo que está ocurriendo con la violencia machista que también afecta a los más pequeños de una manera que pueden marcar sus vidas.

    Al final el refugio en los Reyes Magos aún sabiendo su existencia, representan la evasión de esta niña de algo que ningún pequeño mereciera.

    Un abrazo David.

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    1. Gracias, Miguel. Te agradezco muchísimo tu amable comentario. Ojalá esa lacra que es la violencia de género desaparezca de una vez por todas. Un fuerte abrazo!

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  6. Una historia real y con todos los ingredientes de la tristeza, en este caso los niños querían un padre como los de sus amigos del cole, y solo los reyes magos podían conseguir ese milagro.
    Muy buena la narración y entretenida.
    Un abrazo David.
    Puri

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    1. Gracias, Puri. Creo que en muchas ocasiones tratamos a los niños desde la lejanía, inconscientes de que son personas con unas inquietudes, deseos y razonamientos que los adultos, con el cerebro ya un tanto anquilosado, desdeñamos. Como dices la niña "solo" quiere una familia y planeó la manera de conseguirlo. Un fuerte abrazo!

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  7. Me conmoví hasta las lágrimas con el final yo también. Esa mamá también habrá tenido sus propios pedidos para hacer a los Reyes, en caso de que existieran. Qué interesante el choque entre ilusión infantil y cruda realidad de la última parte.
    Muy buen relato.
    ¡Un abrazo!

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    1. Gracias, Cyn. Los deseos de la madre serían, seguramente, otro relato, mucho más real y sangrante que este. Así, entre nosotros, este es de los pocos relatos que consiguieron que se me humedecieran los ojos. Sobre todo cuando la pequeña se sienta en la cama de su madre sin saber qué hacer o decir. Un abrazo!

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  8. Un relato muy bello, que linda historia. La inocencia de los niños conmueve muchísimo, me ha encantado de verdad.

    Saludos y felicitaciones.

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    1. Gracias, Frank. Te agradezco mucho tu sincero comentario. Esta es tu casa. Saludos!

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  9. Buenos días David! Me he emocionado mucho con tu relato. Es hermoso y nos muestra las ambas caras de la realidad!
    La cara 'A' que es el punto de vista con maravillosa inocencia de l@s niñ@s, esperanzados e ilusionad@s en la noche de reyes...y la cara 'B' la más oscura del ser humano: el maltrato
    L@s niñ@s desde su impoluta inocencia deseando que le regalaran 'el lado oscuro'.,sin duda el ser niño es vivir en otra sintonía, lástima que se evapore en much@s casos con edades tempranas, debido al ambiente que les rodea.
    Un abrazo!

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    1. Gracias, Gema. Pienso que el futuro de una sociedad se puede medir por la capacidad para soñar de sus hijos. En esta historia he pretendido meterme en la piel de los niños, en la manera en la que intentaran conseguir una Familia Feliz. Un fortísimo abrazo!

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  10. Enternecedor relato y muy triste también. Los niños no deberían perder nunca esa inocencia que a la protagonista le va robando su padre y, accidentalmente, su madre. Es una lástima que el padre no haya sabido apreciar la devoción que le tenían los pequeños e hiciera esas cosas tan horribles con su familia. Buen relato, David. Me ha encantado. ¡Un abrazote!

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    1. Gracias, Noemí. Has apuntado certeramente la intención del relato. Un abrazo!

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  11. David, qué lindo y triste relato a la vez... Me hace recordar cuando mis hermanas y yo luchábamos por estar despiertas para ver llegar a los reyes... en particular nunca lo logré, pero mi hermana mayor debió de vivir algo similar a la protagonista de tus historia.
    Como siempre, un placer leerte!!
    Abrazos

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    1. Gracias, Diana. ¡Caramba, espero que no! Pillar in fraganti a los padres... Imagino la situación y la explicación que le dieran. El placer, te lo aseguro, es contar con tu compañía en este viaje. Un abrazo!

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  12. Me ha encantado David, te atrapa hasta el final y vas comprendiendo la psicología de la niña, como ella va entendiendo las cosas siguiendo su propio proceso mental, hasta el final que me ha resultado desgarrador, justo cuando ella comienza a comprender realmente la verdad de la situación. Yo nunca pillé a mis padres pero mi hermana mayor sí, infraganti y con las manos pringadas hasta los codos, jajajaja. Un abrazo! ; )

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    1. Gracias, Ramón. Puff... menudo episodio, y no imagino qué explicaciones le darían tus padres. Al menos, al contrario que la niña del relato, es una anécdota divertida. Un abrazo!

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  13. Un relato conmovedor en el que sin fisuras, de la mano de María nos vas mostrando dos caminos. Uno es el de la fantasía con la ilusión de ambos niños por la entrega de los regalos, que va a pasar por la necesidad de la vuelta del padre y terminará con la desilusión de la niña, que no quiere saber que los Reyes no existen. Por el otro los pensamientos de María nos muestran la oscura realidad de la madre que sufre la violencia de su esposo, una realidad que cada vez se hace más visible en nuestras sociedades. Un preciso trabajo en la trama y una narración que no pierde de vista el sentimiento del lector te ha llevado a construir una historia magnífica y emotiva. He disfrutado mucho esta historia de Reyes que hace contrapunto con la violencia familiar. Felicitaciones, te mando un gran abrazo David.
    Ariel

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    1. Gracias, R. Ariel. Te agradezco muchísimo este comentario tan elaborado y argumentado. Un fuerte abrazo de vuelta.

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  14. Hola David,
    Qué decir... he tenido el corazón compungido toda la lectura.
    Triste e injusta realidad, más para un niño que su infancia debería ser feliz.
    El relato es excelente, te envuelve e invita a seguir su lectura aun siendo consciente del drama que hay en él.
    Felicidades!

    Un abrazo.

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    1. Gracias, Irene. Es una historia triste, todo lo relacionado con la pérdida de la inocencia, con la visión de los niños de las estupideces de los adultos es algo que siempre nos afecta de manera especial. Un fuerte abrazo!

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  15. Es dificil conservar ilusiones en esa realidad tan adversara- Aun así la madre, lo intenta-

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    1. Gracias, Demiurgo. Pienso que la obligación de los adultos es no matar los sueños de los niños. Gracias por comentar. Saludos!

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  16. Esto me recuerda a mi infancia. Con solo 4 años, vi a mis padres dejar los regalos bajo el árbol. Aunque siempre me dijeron que era tan espabilada que en el fondo sabían que iba a descubrirlo pronto. Ni lloré, ni nada, supongo que debido a mi carácter supe aprovechar y así me compraban lo que yo quería e incluso iba con ellos. :) No todos los niños reaccionan de la misma manera.

    Sin embargo, la parte del padre, me ha marcado. Es una dura realidad que padecen muchísimos niños y no debería ser así. Triste realidad...

    Un buen texto, David. Escribes de maravilla. Es un placer leerte y haberte conocido por aquí.

    Un saludo, Mia

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    1. Gracias, Mia. Cada niño lleva la creencia en los Reyes o Santa Claus de una manera distinta. En mi caso, me los imaginaba entrando en la habitación de mis padres pidiéndoles el dinero por los juguetes y mi padre sacando la cartera.
      La historia en sí es la de una niña que lo único que quiere es que su familia esté unida y sea feliz, por supuesto que sabe lo que ha hecho su padre, por eso quiere quiere que vuelva pero sin oler raro. Si bien, también duda de si ese deseo inocente, sincero, es correcto. Un despertar a la madurez. Un abrazo!

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  17. Hola David, me ha emocionado el relato y la entrañable inocencia de esas criaturas, las otras víctimas, incapaces de entender que ese papá al que quieren también se convierte en un monstruo que maltrata.
    Ni una más.
    Buen homenaje.

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  18. Un relato enternecedor por las criaturas, los niños tan inocentes esperando a Los Reyes Magos. Un trasfondo de violencia, que ellos aún no entienden a sus cortas edades. Se perfila una buena madre, abnegada, y que quiere a sus hijos. De el padre, mejor no hablar. Hay demasiados "monstruos" en la sociedad que vivimos.

    Un relato que emociona. Enhorabuena, compañero de letras David.

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    1. Gracias, Lola. Te cuento un secreto, este es el único relato que al escribir el final me costó evitar alguna lagrimita. Desde luego, María es uno de esos personajes a los que más he hecho sufrir. Ojalá solo quede en la ficción en el futuro. Un fuerte abrazo!

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  19. Ufffff, no lo había leído en su día y me ha encantado pero...qué duro es pensar que en algunas casas ocurren cosas así. Yo recuerdo mi infancia siempre intentando esperar despierta, como Espinete, y al igual que él nunca lo conseguía y me dormía antes, menos mal que en lo demás tuve más suerte.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Gemma. La verdad es la pobre María hizo lo máximo que podía hacer una niña para tener una familia normal. Ojalá hubiera tenido más suerte. Un fuerte abrazo!

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  20. Conocer la verdad sobre los reyes es, a veces, un poco traumático para un niño y más en este caso de maltrato. Tengo que confesarte que yo todavía recuerdo cuando un amigo de clase me lo dijo ;)
    Tierna entrada David a pesar de las circunstancias!

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    1. Gracias, Norte. Era el último y más grande recurso que le quedaba a la pequeña. No es un relato feliz, pero es un tema que desde luego no lo es. Respecto a los reyes fíjate yo eso de que dejaran los regalos gratis no me cuadró nunca, visualizaba a mis padres pagándoles en el dormitorio. ¡Qué tiempos! Un abrazo

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  21. Hay cosas que es mejor pedirles a los Reyes en persona, sobre todo si no estás muy segura de que puedan pedirse... Emotivo relato, David, entrañable y desgarrador a partes iguales.
    Un abrazo

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    1. Gracias, Eva. Era el último recurso de la pequeña... Es un relato de hace tiempo pero que he vuelto a compartir con motivo del día contra la violencia de género. Un abrazo

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