miércoles, 8 de marzo de 2017

EL JARRÓN DE CRISTAL

"RELATO SOBRE VIOLENCIA DE GENERO", "BLOG DE RELATOS", "SUSPENSE", "DAVID RUBIO SANCHEZ", "GLOCK", "TERROR"



   Estremece imaginar la escena de un crimen, pero resulta aún más sobrecogedor cuando se ha producido en el interior de una vivienda; contemplando el cadáver yaciendo sobre su propio charco de sangre, rodeado por unos armarios como los que podrían encontrarse en cualquier hogar, por el televisor, por los sofás, por las estanterías donde se exhiben los marcos con las fotos de los niños o del viaje de bodas...

   Pasen y lean...

 EL JARRÓN DE CRISTAL




    El comisario Benítez, por primera vez en su vida, se detuvo frente a la floristería. Regresaba a casa después de haber inspeccionado la escena de un doble homicidio. Un caso sencillo, sin enigmas, de los que sólo ofrecen horror, podredumbre y asco. 
    Contempló las flores expuestas en pequeños tiestos junto a la entrada. Dio una última calada al cigarrillo antes de decidirse por entrar.
  —Buenas tardes, quisiera regalar un ramo. Es para mi mujer.
  —Muy bien, ¿qué flores le gustan a ella? —preguntó la dependienta.
   Se mordisqueó el labio inferior y frotó instintivamente su pulgar contra las yemas del resto de dedos. Con voz muy baja, casi un murmullo, respondió:
    —No... No lo sé.

    La empleada arqueó las cejas y dejó escapar un discreto soplido. Recorrió con la mirada los expositores del establecimiento y se alisó el delantal.

   —Acompáñeme —le dijo mientras salía del mostrador.
  Tras una pequeña charla acerca del arte floral, el comisario salió de la tienda con un ramo de orquídeas, rosas, lirios y tulipanes.

***

   Esa mañana, mientras revisaba unos expedientes en comisaría, fue informado del doble homicidio. Un crimen pasional, según los primeros indicios. Había ocurrido en un piso, una segunda planta, que quedaba cerca de su domicilio.
    Al llegar, el inspector Salazar lo esperaba en el vestíbulo.
    —Comisario Benitez, casi hemos terminado. El juez y el forense acaban de irse. Pronto llegarán los de la funeraria.
     Lo primero que vio al entrar en la vivienda fue una foto de dos niños en una repisa del recibidor. Ambos sonreían.
    —Están en el colegio —comentó Salazar—. El equipo de psicólogos ya está avisado y decidirá quién se puede hacer cargo de ellos.
   El salón era amplio y decorado con un estilo convencional; en la parte interior, la mesa de comedor; cerca del balcón, a modo de rincón de lectura, un par de sillones y una lámpara. Entre ambas zonas, el sofá sobre el que yacía, en decúbito lateral, el cuerpo de una mujer. Vestía una blusa malva y unos pantalones blancos. Desde la sien, un reguero de sangre coagulada le recorría el brazo hasta formar un charco sobre el parqué. En medio del comedor, el exánime cuerpo del hombre manchaba de rojo carmesí una alfombra de arpillera.
     —Era comisario de estupefacientes, ¿verdad? —preguntó Benítez pasándose la mano por la barbilla.
     —Sí —confirmó el inspector.
    Junto al sofá, tirada en el suelo, se hallaba una Glock 9 milímetros, circundada por un círculo de cinta adhesiva blanca y un pequeño cartel con el número uno impreso.
     —¿Fue la mujer?
     —Sí, comisario. Sus manos son las únicas con restos de pólvora.
     —¿Se ha tomado declaración a los vecinos?
    —En el momento de los hechos solo permanecía una anciana en el inmueble. Fue quien nos avisó al oír los disparos. —Salazar consultó su bloc de notas y siguió—: Según ella, este matrimonio discutía muy a menudo, afirma que más de una vez quiso llamarnos a causa de los gritos.
    El comisario observó trozos de cristal en el suelo. Se agachó y cogió uno para examinarlo de cerca.
    —Un jarrón cromado —confirmó el inspector—, tintado en azul marino. Lo hemos rehecho, más o menos. Es de esos con la boca ancha. Cayó al suelo desde la mesa, todavía se ve la marca en el tapete. Es el único desperfecto del salón.
    »Nos hemos preguntado cómo pudo sorprenderlo. Era un policía experto, sabía qué hacer cuando te encañonan. Por eso pensamos que la pistola debía estar oculta a sus ojos hasta el momento del disparo. Por la posición del cadáver, la bala debió salir de aquí. —Salazar se situó frente a la mesa—. El único lugar donde podría estar guardada el arma era dentro del jarrón. Ella, al sacarla, lo tiró al suelo, apuntó a su marido y… ¡Pam!
  —Y después ella se suicidó —cortó Benítez zanjando el relato de los hechos—. ¿Y las flores?
   —¿Flores? No hemos encontrado ninguna.
   Sobre la mesa se hallaba un portarretratos que mostraba a las víctimas, jóvenes y sonrientes, posando delante de unas palmeras, una piscina con una construcción decorativa en forma de pagoda y un cielo azul.
   —Parece mentira, ¿verdad? Dos hijos pequeños, una buena posición social... ¿Cómo pudieron llegar a esto? —reflexionó en voz alta Salazar.
   —Es un hotel de la Riviera maya.
   —¿Cómo dice?
   —Reconozco la estructura del centro de la piscina.  —Hizo una breve pausa sin dejar de mirar la foto —. Fui allí cuando me casé.
   En ese instante, los agentes de la policía científica les informaron que su labor había concluido y los cuerpos ya podían ser trasladados al tanatorio.
    —Preséntame mañana el informe, lo entregaremos al juez por la tarde —le indicó a Salazar antes de marcharse.

***

   El comisario Benítez, frente al portal de su domicilio, estrujaba el ramo que acababa de comprar. Entró en el vestíbulo y esperó al ascensor. Al abrirse la puerta salió la anciana que vivía en su mismo rellano.
  —¡Oh, vaya sorpresa! Hoy salió pronto del trabajo. ¡Pero qué flores más bonitas trae! ¡Qué contenta se va a poner Mónica! —dijo la anciana arrastrando un carrito de la compra—. Anoche los escuché discutir y… Por cierto, he escuchado que han encontrado muerto a un matrimonio cerca de aquí. ¿Es verdad eso?
   —Gracias —zanjó el comisario ya dentro del ascensor.
   Al llegar a la segunda planta, el elevador se había impregnado del aroma de las rosas.
   Con solo una mano libre, tuvo dificultad para introducir y girar la llave en la cerradura. El piso se encontraba en silencio: uno de esos silencios que parecen asaltar las tripas y retorcer los intestinos. Dejó las llaves en el vaciabolsillos, rozando con el brazo el portarretratos de sus hijos, Juan y María.
   Entró en el salón. Su mujer estaba allí, junto a la puerta de vidrio que daba al balcón, mirando las jardineras.
    Frente a él destacaba el jarrón que un día lució las flores de su primer aniversario de boda: un jarrón de cristal cromado, tintado en azul marino y boca ancha.
    —¡Qué quieres ahora! —dijo Mónica sin siquiera girarse; apoyada en el respaldo de uno de los dos sillones orejeros—. Hay que recoger a los niños del colegio o acaso te has olvidado.
    —Por favor no empieces otra vez, solo quiero… —Tragó saliva—. Llevaré la alfombra a la tintorería el viernes, como dijiste.
    —¡Y ya está! ¿Quieres mi agradecimiento? —le increpó sin variar su postura—. Por mí como si te vas de putas. Estoy harta.
   Cualquier otro día, Benítez hubiera respondido con un desplante, con un reproche o tal vez un insulto. Pero ese día no.
    —Te he traído esto —acertó a decir con una voz cercana al susurro.
    Mónica se giró despacio y observó a su marido, sus ojos enrojecidos y las flores que le mostraba. Se acercó a él, pasando sobre la alfombra de arpillera, sin apartarle la mirada. Agarró el manojo por la envoltura de los tallos y hundió la nariz entre las rosas. Pudo decir cualquier cosa pero sólo consiguió articular:
    —Huelen muy bien.
    Él trató de besarla pero ella apartó la cara y se dirigió hacia el jarrón.
     —No te pido que me ames como el primer día —explicó mientras dejaba el ramo sobre la mesa—. Sólo te pido respeto.
      —Te respeto… Y te amo.
      —¿Y crees que con esto se soluciona todo?
      —Intentémoslo.
    El salón se quedó, otra vez, en silencio. Ella, frente a la mesa, cogió el jarrón y lo aferró contra su pecho, pasando la mano sobre la fría superficie de cristal; él, apenas a metro y medio, observaba los bordados de su blusa malva.
    —He estado pensando mucho desde anoche. Demasiadas cosas… —dijo Mónica dejando el jarrón de nuevo sobre la mesa para recoger el ramo de flores—. Anda, ve a buscar a los niños al colegio. Se pondrán contentos. De paso, compra el pan.
     —¿Conseguiremos que todo sea como antes?
    —De momento, voy a poner estas flores en agua —le respondió con una leve sonrisa mientras cogía de nuevo el jarrón.
     El comisario siguió a su mujer de camino a la cocina. Desde la puerta, la observó dejar las flores sobre la encimera y abrir el grifo. Mónica se giró hacia él y le insistió en que iba a llegar tarde para recoger a los niños del colegio.
      —Ya voy.
     Antes de salir miró de soslayo los reflejos que la luz dibujaba en la superficie del jarrón que Mónica había dejado al lado del fregadero.

FIN

   Espero que este relato les sirva para adquirir la excelente costumbre de regalar flores a sus seres queridos. Pero antes, les propongo leer este relato romántico, la historia del jinete que montó el primer elefante que pisó Occidente.




  © David Rubio Sánchez. Texto y dibujo

55 comentarios:

  1. Un relato bastante potente. En una palabra: Fascinante. Me ha encantado la forma en que relatas la relación de pareja y como metes en ello, el trabajo de él. ^_^

    Un placer leerte, como siempre.

    Un abrazo!

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    1. Gracias, Mia. Como dices se lleva el trabajo a casa... Un fuerte abrazo!

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  2. Nada mejor que ver las miserias ajenas para reconocer las nuestras e intentar solucionarlas.
    Muy buen relato, David, como siempre. Por un momento pensé que se pudiera volver a repetir la triste escena del doble homicidio en casa del comisario Benítez y de su esposa Mónica.
    Un abrazo, compañero.

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    1. Gracias, Bruno. Como dice el dicho: Cuando las barbas del vecino veas pelar pon las tuyas a remojar. Un abrazo!

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  3. Hola David, en primer lugar felicitaciones por la forma de narrar que indudablemente engancha hasta el último sorbo del relato. Y también por la inclusión de esos diálogos y hacer que esto parezca sencillo. Por cierto el inspector por amor o por terror se curó en salud como se suele decir.
    ¡Un abrazo!

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    1. Gracias, Miguel. Tienes razón, anduvo listo interpretando las señales. La verdad es que disfruto mucho con los diálogos, me gusta ponerle voces de actores de doblaje para "escuchar" si son naturales. Un abrazo!

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  4. Hola, David, un placer leerte de nuevo y visitar tu blog.

    Esta es la historia de un cambio de actitud ante una lección muy cruel de la vida, que aprendió tras una tragedia ocurrida a un compañero de profesión. Me encantan los personajes imperfectos que aprenden de sus errores a base de palos, humanos, pero nobles.

    FIN

    ¿Creías que ya había terminado mi comentario? ¿Pero no me conoces ya? ¡Ja, ja, ja! Búscate un buen sillón porque ahí va uno de mis comentarios tamaño familiar, dedicado a David Rubio, una persona a la que admiro muchísimo, por promocionar y ayudar a los escritores que empiezan, como hizo conmigo, compartiendo y comentando algunos de mis relatos. Bueno, vete preparando "canijo", que ahora viene mi macrocomentario:

    PARTE 1:

    Nos presentas un relato policiaco, pero diferente, no es el típico del agente que con su investigación resuelve un crimen, es... otra cosa. Usas un flashback magistralmente, en mitad del relato, para que el final tenga el sentido que tiene que tener, y ese gesto sencillo del protagonista tenga un significado tremendo y muy elaborado, buscando cambiar radicalmente su vida cuando por fin abrió los ojos.

    Nos muestras a un hombre sencillo, a pesar de ser un agente de la Ley de alto rango, curtido en su trabajo después de ver lo que ha visto durante tanto tiempo hasta llegar a donde ha llegado, con la consabida carga de estrés que supone ese oficio con horarios tan aleatorios, que se deduce de lo que dice su mujer, y con la conocida tensión que soportan sus familias cada vez que sale por la puerta a bregar con criminales y maleantes... Son relaciones difíciles de mantener, porque la losa sicológica que soportan es terrorífica, especialmente en los distritos sin Ley. Y eso se intuye en tu relato, no explícitamente, pero sí lo rezuma con una claridad pasmosa. Por tanto la ambientación es excelente.

    Me encantó el detalle de no tener ni puñetera idea de las flores que le gustaban a su mujer, dejaste claro con el gesto que no fue una persona muy detallista en ese tema durante años. Muy observador en su trabajo, como se ve cuando examina los cuadros y reconoce con una memoria de elefante la piscina de la Riviera Maya, pero era nulo en su casa. Quizás porque cuando sale por la puerta con la placa en el bolsillo activa sus sentidos, y cuando vuelve a entrar se relaja porque la desconexión, cuando uno retorna del infierno, es imprescindible: el descanso del guerrero.

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    1. PARTE 2:

      Muy sutil la descripción del procedimiento oficial en casos de crímenes pasionales: informe previo por los agentes que descubren la escena, revisión técnica del forense, examen del juez, marcas en el suelo de las pruebas, números identificativos... y cuando está todo empapelado, la policía científica da paso a la funeraria para que hagan el informe y se lleven los "fiambres" al tanatorio. Se nota que has leído mucha novela negra o policiaca, o te gustan las series tipo Bones, El mentalista o CSI. Se aprende mucho leyendo tu relato, eso me gusta.

      Muestras las habilidades observadoras del comisario, como justificando su rango: fotos de sus hijos o el portarretratos con la pareja joven y sonriente, para que el lector intuya que era una relación duradera; sillones con lámpara en medio, por lo que tenían aficiones que compartían y disfrutaban juntos en algún momento feliz de su vida, o al menos cuando eran más jóvenes; viaje a la Riviera Maya, bastante caro para cubrirse con el humilde sueldo de un agente de policía en aquel tiempo, que probablemente tiró la casa por la ventana para tener un viaje a la altura de su amor... Buscas que el lector se compadezca de ellos, que sienta ese amor perdido, y perciba el cambio radical en su relación hasta el fatal desenlace, un movimiento muy estratégico para integrarlo en la escena.

      Creo que el momento clave es cuando observa la foto de la parejita cuando era joven y feliz, recordó a su mujer años antes, cuando seguramente todo era perfecto. Quizás se dio cuenta en ese momento de que ese jarrón, si hubiese tenido flores, un detalle cariñoso y sencillo, no habría tenido sitio para albergar una típica Glock de 9 mm, por decirlo de alguna manera. Ya la anciana, el elemento secundario esclarecedor, inserta sutilmente que ellos también discutían, para mantener al lector pegado como una lapa a la pantalla, esperando el momento de la entrega de flores. Recalcas que también tenían hijos, el color de la blusa también malva, el condenado jarrón de las narices... ¡Por Díos, David, que nos matas! ¡Qué tensión! Y se queda mirando el jarrón... ¿Qué pasó después? ¿Se arregló todo entre ellos? ¡Di algoooooo! Pues...

      En definitiva, un relato policiaco y dramático diferente, como gustan siempre, narrado con talento, con diálogos escuetos pero claves, y muchas pistas escondidas para los buscadores de tesoros expertos, al estilo más negro. Mis felicitaciones, he disfrutado mucho tu relato, me ha hecho investigar, aprender, sentir, e involucrarme en sus vidas. Todo un regalo.

      Un trabajo magnífico, sin duda. Cuídate mucho y a seguir creando... Un abrazo.

      P.S: Tuve que trocearlo, no me permitía más de 4.096 caracteres.

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    2. ¡Madre mía! ¿Y ahora que puedo responder? Te agradezco muchísimo semejante comentario en el que has desnudado por completo el relato y lo que he intentado mostrar en él.
      Por supuesto, tu comentario merece una pequeña confesión. Escribií este relato hará unos tres años. Lo subí a una red social fantástica que lamentablemente ya está abandonada, a la deriva. Era una red en la que los participantes debían corregir los textos de los demás. Y cuando hablo de corrección no me refiero a "te has dejado una letra o hay un tiempo verbal que no concuerda". Hablo de un análisis de estilo en toda regla. Bien, este relato fue corregido por un autor que llamado Óscar, al menos ese era su único nombre de perfil. Jamás supe sus apellidos ni su identidad en otra red social. El caso es que corrigió, entre otros, este relato. Te aseguro que sus consejos significaron un antes y un después en mi manera de escribir. Me hizo darme cuenta de que no bastaba con una frase chula, debía plantearme qué quería decir y adecuarla a eso, me enseñó a centrarme en los detalles importantes y prescindir de la paja, a razonar el tono de la historia y bajar el pistón, por ejemplo, de la escena en la que Benitez habla con su esposa, en la primera versión parecía un duelo tipo Solo ante el peligro. Esa corrección, fue uno de los momentos que han marcado mi manera de entender la narrativa. Los otros dos aparecerán este mes. Y sí, próximamente hablaré de esa red social que se merece una segunda oportunidad.
      Un fuerte abrazo y, de nuevo, muchísimas gracias por los más de 4000 caracteres.

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  5. Bueno David Rubio, después del magnífico comentario de J.J. viene el mío, espero que no sea una decepción...,jeje. Primero decirte que dominas los diálogos de una manera soberbia, ya que nos introduces en el relato sin apenas explicaciones simplemente con las conversaciones y eso tiene mucho mérito.
    Me ha encantado mezcla de relato negro con drama personal o conyugal en el que todo está muy bien hilado. Es un tanto inquietante ver cómo el policía hace una especie de símil entre un escenario de un crimen y lo que es su propia vida. Y ese intento último, un tanto desesperado, de querer girarla en otro sentido con el ramo de flores (que es lo que faltaba en el escenario del crimen). Simplemente genial, mi sincera enhorabuena.
    ¡Un abrazo!

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    1. Gracias, Ziortza. Te aseguro que valoro todos y cada uno de los comentarios que recibo. Y me siento halagado cada vez que alguien dedica su tiempo a comentar una entrada. Adoro los diálogos, si los escuchas en tu cabeza, si les pones cara a los personajes, un diálogo por corto que sea te ahorra un montón de palabras y sitúa la acción de manera directa y clara.
      He intentado, como dices, una pequeña variación a caballo entre el género negro y el drama. A través de esas coincidencias, el comisario intenta conseguir lo único que diferenciaba su vida de la del policía asesinado. A saber si lo conseguirá.
      ¡Un abrazo!

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  6. Hola David
    Las flores marcaron la diferencia entre la vida y la muerte. Ahora entiendo la pregunta de Benítez, ¿Y las flores? Y el hecho de mirar el jarrón vacio en encimera de la cocina
    Y bueno, ¿qué te voy a decir después de los comenrarios que tienes? Pues solo tres cosas:
    Me gusta como te encargas de repetir similitudes entre las escenas (la blusa, la alfombra, el jarrón, las ubicaciones) para dejarnos clara la identificación entre las dos escenas.
    Me gusta lo detallado y cuidado del procedimiento policial. Se nota que sabes moverte en ese género.
    En general, muy buen trabajo, con el que he disfrutado de principio a fin
    PD: ya leí tu comentario sobre el método que usas para las ilustraciones. Conozco el diseño vectorial aunque yo me he acostumbrado más al Photoshop, que va por pixels. Lo cierto es que el dibujo ayuda mucho a introducir un relato, sea como sea
    Un abrazo compañero

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    1. Gracias, Isidoro. Como dices hay una serie de elementos que llevan a Benítez a identificar su vida, y donde puede llegar, con la de ese matrimonio.
      Bueno, lo de los dibujos es una manera de que la entrada sea 100% personal. Es un poco de andar por casa, pero me lo paso genial dibujando. Usar Photoshop es una de las cosas que me encantaría para mejorar el apartado gráfico, espero tener tiempo en el futuro para aprenderlo como se debe, desde luego de manera autodidacta es complicado.
      Un fuerte abrazo.

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  7. Esta historia se presenta como dos vidas paralelas, las dos compartiendo los mismos problemas y que, de no poner remedio, también compartirán el mismo final.
    Muchas veces, ver las desgracias ajenas nos hace reaccionar y evitar acabar del mismo modo.
    Debo reconocer que por un momento creí que jugabas con el tiempo, como si el comisario Benítez observara su propia muerte y la de su mujer e hiciera retroceder el tiempo para evitar que legara a suceder. La identidad de la anciana que les ha oído discutir, el jarrón, la camisa de color malva de su mujer, todo me ha hecho pensar en esa posibilidad, pero me quedo con la primera interpretación, la más plausible y real.
    Has desgranado esta historia con un gran estilo narrativo, añadiéndole al final lo que todo relato breve o cuento debe aportar: una enseñanza o moraleja. Siempre estamos a tiempo de rectificar.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Josep. Nunca es tarde para nada, si el propósito de cambio es sincero o si el deseo de iniciar un proyecto es honesto y lo sientes como necesario. Benítez interpretó correctamente las señales, aunque nunca sepamos si el jarrón de su casa contenía una pistola. Un fuerte abrazo!

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  8. ¡Uau! Me ha encantado tu relato. Sobre todo, los pequeños detalles, que son siempre los que marcan la diferencia. EL jarrón, las flores, el color de la blusa. Además, claro, está del paralelismo entre las parejas, tanto, que al principio creía que era la misma.
    Y, como siempre, ese estilo que te caracteriza por su concisión, su corrección y su claridad. Nunca faltan ni sobran palabras de tus relatos, chiquillo, y eso los lectores lo agradecen.
    ¡Un abrazo, amigo!

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    1. Gracias, Noemí. Como he comentado más arriba, la corrección de un compañero de letras digital me hizo ver con este relato lo que comentas. Dar valor a cada palabra y si no se lo encuentras, fuera. La historia es lo principal y la imaginación del lector es capaz de llenar los huecos menos relevantes. Desde este relato, la visibilidad de la historia siempre ha sido una de las cosas que intento conseguir. ¡Un abrazo grande!

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  9. Me ha encantado. Tuve que confirmar que era el mismo inspector Benitez, porque el blashback me hizo dudar. El relato mantuvo mi atención expectante y debo decir que sufrí cierta tensión hasta el final, pensando en su desenlace trágico. (gracias, porque elegiste que no fuera así, hay días en que hace falta un "final feliz" o por lo menos esperanzador) pero creo que en el jarrón estaba preparado otro final. Por otra parte, habiendo leído los interesantes comentarios que te han dejado, concuerdo plenamente con lo bueno que eres y el gusto que representa leerte. Un abrazo (en que alto aprecio te tienen para dedicarte menudos comentarios ;)

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    1. Gracias, Vivian. Te aseguro que el aprecio que tengo por sus escritos es todavía mayor. Seguir a un autor novel es algo impagable, observar como crece la calidad de su narrativa relato a relato es algo que disfrutar y, sobre todo, de lo que aprender. Pienso que esa es la única forma de dar sentido a esto de escribir y publicar blogs.
      Me gusta lo del final feliz, creo que de todos mis relatos se cuentan con los dedos de una mano los que terminan mejor de lo que comienzan para los protagonistas, je,je,je. ¡Un fuerte abrazo de vuelta!

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  10. Fantástico relato. Ritmo acertado e intenso a la vez. Un placer leerte.

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    1. Gracias, Ángel. Te agradezco mucho tus palabras y el placer es mio por tu comentario. Saludos!

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  11. Hola David! Veo que has tenido comentarios intensos jaja espero que el mío no te parezca cutre ;)
    Bueno, estoy de acuerdo con lo que se ha mencionado, es un relato brillante, has combinado a la perfección esa preocupación policial con los probremas personales para hacer al personaje muy humano. Lo de las flores, estoy segura de que el 70% de los hombres no sabe qué flores prefieren sus mujeres, es un detalle que ha quedado un poco relegado, pero que siempre hace ilusión.
    Lo que me ha gustado ha sido ese toque humano, el miedo al fracaso al ver las desgracias ajenas.
    En resumen, un relato genial, de principio a fin.
    Un besito y felicidades :))

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    1. Gracias, María. Como he comentado considero todos y cada uno de los comentarios como el tesoro que son, alimento para quien escribe. La calidad de una pareja depende del conocimiento de los gustos del otro. Hasta diría que se puede medir por los regalos de cumpleaños. Cuando comienzas a recibir colonias, corbatas y jerseys es que algo está fallando.
      No sé si está en desuso pero regalar flores, aunque parezca un detalle sin importancia, provoca una inusitada alegría en el hogar. Un besazo, María!!!

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  12. ¡¡¡Hola!!!!
    Me ha gustado mucho tu relato. Este género es mi preferido para leerlo y escribirlo, y claro, al leer mucho me he vuelto exigente y no siempre me gusta lo que leo. En tu caso me ha gustado todo pero destaco la parte emocional, el jarrón cromado que hace reflexionar a Benítez, el paralelismo de los dos casos y el final tan diferente, unos muertos y los otros intentando salvar el matrimonio.
    He disfrutado mucho, felicidades.
    Un saludo.

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    1. Ahhhh, mi madre tuvo durante años una floristería así que apoyo lo de regalar flores, jejejeje.

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    2. Gracias, Marigem. Lo primero, bienvenida a este espacio. Tienes razón, es un relato que parte de una situación de género negro para llegar a una historia más bien de tono realista.
      ¡Qué bueno que tu madre tuviera una! ¿Recuerdas si le vendió alguna vez a un comisario de policía? Je, je, je Un abrazo!

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    3. Jajaja, a un comisario no pero historias truculentas de infidelidades unas cuantas, jejejeje.

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  13. Me alegro de que a pesar de los paralelismos entre la escena del crimen y la propia vida conyugal de Benítez, no haya un desenlace similar. Hay ciertas cosas y sucesos que nos sirven de revulsivos para acometar cambios importantes, como creo que es el caso en la historia. Yo espero que todo marche mejor para tus protagonistas a partir de ahora, claro que yo soy una romántica empedernida :))

    Excelente relato, David. Me has tenido todo el tiempo atenta a las similitudes, temiendo un final que no deseaba y que afortunadamente tú no has elegido.

    ¡Un abrazo!

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    1. Gracias, Julia. La verdad es que el comisario estuvo hábil dándose cuenta de lo único que podía diferenciar ambos hogares. No suelo terminar con finales felices, pero en este era inevitable... aunque tampoco se dice que la mujer se desprendiera de esa hipotética Glock. Un abrazo!!!

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  14. Me encanta la redacción y la estructura que das a tus relatos.
    Como siempre, enganchada hasta la última línea y, como siempre, relato con moraleja.
    Me ha gustado.
    Un abrazo

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    1. Gracias, Macarena. Me encanta que te quedes enganchada a la pantalla, tanto como yo viendo tus vídeos y artículos del viaje a Tailandia. ¡Un abrazo!

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  15. Wauuuu! Pedazo relato. Me he quedado enganchado desde las primeras líneas. Estoy seguro de que volveré a leerte en más de una ocasión. De hecho voy a recomendar tu blog a algunos colegas amantes de los blogs de relatos ;-)
    Un abrazote fuerte,

    Isra

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    1. Gracias, Israel. Bienvenido a este pequeño espacio Te agradezco mucho tus palabras y recomendación. Un fuerte abrazo!

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  16. Como siempre un placer leerte David y pasarme por tu blog. Me ha gsutado el relato engancha hasta el final. Habra que hacerte caso y regalar flores, a mi me encantan sobre todos las rosas. Un saludo

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    1. Gracias, Vicenta. Siempre es bueno regalar flores, el gusto es mío por haber contado con tu tiempo de lectura. Un fuerte abrazo!

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  17. ¡Hola! ¡Qué relato! Me has tenido tensa hasta el final, encontrando ese paralelismo ya temía que pasara lo mismo o que ella lo abandonara —de hecho, cuando empecé a leer los diálogos, me decía 'posta que se va y no la encuentra cuando vuelva'—. Muy intenso el relato y fascinante.

    Lindo detalle de las flores <3 Me paso a chusmear el otro relato.

    ¡Un abrazo!

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    1. Gracias, Roxana. En ocasiones, un pequeño detalle puede cambiarlo todo, solo hace falta saber verlo. Un fuerte abrazo!

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  18. Hola David!, estupendo relato como siempre,... a estas alturas creo que está casi todo dicho, enhorabuena!. Sin embargo a mi me gusta centrarme no tanto en su análisis, sino en lo que me sugiere y, en ese sentido tengo volver a felicitarte. Has creado una atmósfera muy creíble y el comisario, ese viejo zorro curtido en mil batallas es fantástico, es natural,... imagino que la labor policial debe ser así. Un abrazo!

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    1. Gracias, Norte. Un viejo zorro, con la vista bien entrenada para su trabajo, pero, como suele ocurrir, ciego a lo que pasa en su casa. Al menos, ese crimen le hizo ver hasta dónde podría llegar. Fue hábil para intentar cambiarlo. Bueno, en cuanto a ambientación se puede decir que he visto de más una película de policias. Un fuerte abrazo!!

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  19. Muy bien narrado. La historia es como la serpiente que se muerde la cola. Y así es como un ramo de flores le salvó la vida al comisario xD En serio, creo que los pequeños gestos nos salvan la vida todos los días.
    Me gustó mucho la manera en que lo has contado. Suspenso hasta el final.
    ¡Un abrazo!

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    1. Gracias, Cyn. Como dices son las pequeñas cosas o gestos las que provocan los mayores cambios, van determinando inercias que van creciendo día a día hasta alcanzar cambios significativos. Un abrazo!

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  20. Difícil añadir algo nuevo con tan excelentes análisis que te han hecho de tu relato, que comparto totalmente.
    Excelente tu manera de narrar, ese combinar la meticulosidad en su trabajo con su dejadez en su vida cotidiana, esos pequeños detalles son los que, a mi entender, hacen empatizar, sentir cercano al personaje y lo has reflejado muy bien en esos diálogos, que muestran lo que quieres decir perfectamente y te engancha como lector.
    Felicidades muy buen trabajo y mis felicitaciones para ese corrector anónimo de esa red que comentas que tan buen acierto tuvo diciéndote aquello que mejoró el relato, que seguro ya era bueno.
    Un saludo

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    1. Gracias, Conxita. Compartir relatos y recibir críticas constructivas es algo impagable, te hacen crecer, darte de cuenta de cosas que ni imaginabas. Y sí, solo lo conozco por Óscar, y ya hace unos años, pero sus correcciones fueron algo que me marcó mucho a la hora de plasmar mis historias en papel. ¡Saludos!

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  21. Me has enganchado con tu relato de principio a fin. Los detalles con que nos muestras la historia y el desenlace que el comisario al llegar a su casa tiene mucha similitud a lo que la vida de los fallecidos tienen que parecen normales , según la anciana revela que les oyó discutir. En fin que eres un fenómeno de las letras las manejas a tu antojo y perfectamente. Es un placer visitar tu blog, y no solo por lo que escribes, sino por las críticas que recibes de tus compañeros que es un placer leerlas también. Un abrazo

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    1. Gracias, Carmen. El placer es mío por compartir este camino virtual con tantos y tan excelentes compañeros como tú. Un fuerte abrazo!

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  22. Intrigante, descriptivo y con su punto de mordacidad y moraleja para terminar en ese final que redondea el relato.
    Felicidades y un saludo muy cordial

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    1. Gracias, Doctor. Te agradezco tus palabras con poderes vitamínicos. Saludos!!

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  23. Muy bueno, identifico como dos lineas de posibilidades: el asesinato pasional y el la corrección de los errores... Me gusta que los dos se coqueteen sin que haya un solución... aunque claro, después de haber visto en lo que pueden terminar las peleas mejor llegar con un ramo de flores.
    Me encantó!!
    Abrazos!!

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    1. Gracias, Diana. ¿Quién sabe lo que hubiera pasado de no haber llevado ese ramo de flores? Nunca sabremos si en el jarrón de su casa había una pistola o no. Pero desde luego ha sido un buen punto de partida para mejorar las cosas. Abrazos!!!

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  24. Y yo acá esperando que el dejavu acabase con la vida del hombre y su pareja... que ilusa xD
    Excelente relato... aprender em cabeza ajena debería ocurrir más más menudo. Besos.

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    1. Gracias, Erendida. Sí, al final las flores marcaron una pequeña pero gran diferencia. Un besazo!!

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  25. Hay que ver lo que tienen algunos jarrones de cristal, que juntados con determinadas fotografías y similitudes, pueden remover nuestros fantasmas interiores! Me ha encantado el relato David, como en la mente del protagonista se van formando esos paralelismos con su propia situación emocional, y como al desenlace intenta darle una vuelta de tuerca, al darse cuenta de que tal vez para él aún no sea tarde y pueda arreglar su matrimonio. Un abrazo! ; )

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    1. Gracias, Ramón. Te agradezco tu comentario, como dice el dicho cuando las barbas de tu vecino veas cortar pon las tuyas a remojar. ¡Un abrazo!

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  26. ¡Hola David! He quedado fascinado por lo pulido que te ha quedado este relato. Yo admiro a los escritores que, como tú, tienen la habilidad de moverse con tanto talento en el género policial. Género tan difícil y que a muchos les parece tan sencillo.
    Me ha gustado mucho lo que dices en uno de tus comentarios acerca de la corrección que ha recibido esta historia por parte de uno de tus compañeros de letras. Debe ser una experiencia muy interesante dado que te ha marcado, según dices, en tu forma de narrar.
    Te mando mis felicitaciones, este es un trabajo para disfrutar en grande. Una lección de cómo se debe escribir. Un placer como siempre.
    Un abrazo.
    Ariel

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    1. Gracias, Ariel. La verdad es que como no puedo asistir a talleres de escritura en persona, intento cual esponja empaparme de todo lo que me parece interesante, y también de lo que no. Como dices esa corrección me hizo darme cuenta de muchos defectos, sobre todo, me enseñó la magia de la sutilidad, de comprobar que no es necesario explicarlo todo. Un abrazo!

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